lunes, 3 de noviembre de 2008

Engranaje filosófico

He visto las vidas alejadas de anémonas
cruzadas con prototipos de microlitos de figuras saltarinas
que se encierran en fases neurolíticas de barro
creado de fuego antediluviano creado a partir de los huesos
de rinocerontes masticados por bocas sedientas
de desierto de océanos de vida destilada.
He visto los ojos encendidos
de la bestia apaciguar los vientos en las montañas embrujadas,
he visto los ojos encendidos
de las musas suplicar el baño en la ducha masturbaciones
sagradas de columpios con niñas abrazadas,
mientras cantaba la canción del bardo,
el barbudo destroza brazos, esos brazos dimensionales,
los pesos demolidos de la antigüedad desafiante,
dibujos arcanos en la arena de la playa, ¡tan olvidada y tan desamparada!
he visto tus ojos, en el mar, en el fondo del mar marciano.
Entrechocaremos los vivos espíritus de flamas alegres,
entreviviremos cómo dos hermanos de aguas dulces, entre los ríos de esperma,
espuma marina, afroditas que nacen, mueren, entreviviremos cómo dos oscuros
portadores de males, vividores crueles que descargan rayas escarlatas,
en lejanas montañas, yo me escondí para observarte bien,
te espié desde las serpientes, cómo te desnudaste,
entreabriremos las piernas abiertas las abejas escondidas en el cabello
de medusas que se arrastran por los pantanos de tu alma,
más allá de los arrecifes dónde habitan los fantasmas de los grandes guerreros,
nos cogeremos de la mano y rezaremos llenos de pura luz energía
nuestros cuerpos se harán el amor con la naturaleza muerta, viviente las cosas
nuestro alrededor el mundo entero explota, chilla, se regocija de dos hijos, el encuentro
entresobreviviremos juntos las penurias de los nigromantes que se esconden
en las oficinas de abogados, y los chamanes purificadores
encontrarán la puerta de nuestro corazón, transformándonos en auténticos guerreros divinos.
Oleajes, dragones que acometen las costas los muertos levantados,
oleajes sobre tus pechos mordiscos infernales en nuestros labios,
partidos los dedos, caemos encima del otro, mientras juntamos nuestras cabezas,
oleajes sobre tus nalgas aplastado mi nariz y mis ojos ocultan la sonrisa,
de tus fluidos fluyendo como cataratas mi garganta es tu refugio y tuyo es el reino de mi locura.
¡Oleajes prometidos, oleajes perdidos! ¿Por qué no encontrar los basiliscos,
los draconianos mensajes que llevan el olor del mar, de tu agina en mis dedos?
Ese oleaje que he querido, que quise cantar a las algas,
los nombres de los caídos renunciados la historia maldita de hogueras que alojaban
los cuerpos de oleajes antes arrastrados por las conchas de tifones,
tuyo es el mundo leviatán, déjame la mujer que mi vida es poca y pertenezco a tus tobillos.

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